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Desnuda Materia Nº 3
Reflexiones sobre Arte y Literatura


Recurro, en irrespetuosa paráfrasis, a Kierkegaard: La poesía tiene su lugar determinado; o, mejor dicho, no tiene lugar en absoluto, y ésta es cabalmente su determinación (1). Y del Sócrates de Copenhague, con la misma irrespetuosidad, tomo prestada una afirmación de Cocteau: La gente exige que se le explique la poesía. Ignora que la poesía es un mundo cerrado donde se recibe muy poco y donde, a veces, incluso no se recibe a nadie(2). Casa sin domicilio preciso que recibe a pocos, con frecuencia a nadie: la poesía. ¿Dónde hallarla? ¿Cómo habitarla siquiera por un momento? Aquí la razón de su misterio. Aquí, también, la razón de su condena a sótanos y extramuros, por no revelar su ubicación precisa, por orgullosa, por vincularse con minorías.






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Desnuda Materia Nº 1
Reflexiones sobre Arte y Literatura



En un viaje por la Patagonia conocí a un hombre que recolectaba piedras. Me contó que en su casa tenía un gran mueble vidriado donde exponía las más atractivas, iluminadas con dicroicas. El resto, en diversas habitaciones e, incluso, en el jardín, en el patio. No logró explicarme la razón de su hábito que, era evidente, iba más allá del mero gusto personal. No debe haber casa donde no se atesore algún objeto hallado en algún viaje, elegido de entre otros por un detalle que lo hacía diferente. En alguna parte(1) de su obra Victoria Ocampo cuenta de sus largas excursiones, en compañía de Roger Caillois, por los Alpes Marítimos y el Var. Una vez, estando en el mínimo desierto de Caussols (una bagatela comparado con las desoladas extensiones argentinas), Caillois recogió una amonita. Se la obsequió a Victoria quien la guardó. Luego de una discusión, ella la arrojó contra una roca. Horas más tarde, regresaron al lugar para recuperarla; ella la encontró. Esa piedra estuvo, en vida de Victoria Ocampo, sobre la chimenea de su cuarto. En aquel momento - dice Victoria- pensé supersticiosamente, que era un presagio. La amonita no podía quedar perdida en el desierto (en miniatura) de Caussols. Caussols me la devolvió, con su espiral, nítida. Y si de aficiones por las piedras hablamos, no me voy de Caillois y cito aquellas, como el ágata de Pirro, objetos de un magnífico estudio suyo(2). Ya no piedras con valor de talismán o de remedio, sino provistas de alguna singularidad, un carácter insólito -como las piedras con figuras o figuradas que, entre los siglos XVI y XVII, llenaron gabinetes de príncipes y banqueros-.

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Baudelaire por Nadar

Desnuda Materia Nº 2
Reflexiones sobre Arte y Literatura

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