Desnuda Materia Nº 4
Reflexiones sobre Arte y Literatura
Reflexiones sobre Arte y Literatura
Hay una fotografía que lo muestra acodado a un balcón, con un fondo evanescente de botes y barcos. Se lo ve ya anciano, lleva puesto un traje negro, un moño y, en su mano derecha, brilla un anillo, seguramente de oro. Jamás vi de Valéry una fotografía de juventud, de aquellos días en los que debió abandonar Séte para estudiar la secundaria en Montpellier y, más tarde, frecuentar la Facultad de Derecho. De aquellos días y noches en los que estrechó las manos de Pierre Louis y André Gide, en los que escribió poemas hasta que (iba a escribir súbitamente pero eso no cuadra con quien jamás decidió cosa alguna sin meditación profunda) decidió renunciar a la poesía.
Valéry desdeñaba lo fácil, lo consideraba indiferente e incluso enemigo. Cartesiano del siglo XX, dudó. Sometió todo a sucesivas tablarrasas. Se guiaba, como su otro yo intelectual, M. Teste, por el mal agudo de la precisión. Desde su renuncia, que algunos califican de provisional y otros, de definitiva, lo que en un principio era obras fue hasta el final ejercicios. Escéptico ante el espectáculo de un arte, una literatura concebidas como fin, vio en el arte, la literatura una suerte de carrera extraña donde es preciso ser uno mismo para los demás. Un sistema concebido para modificar por reacción el ser del autor, erigido, ahora habla Gide, con paciencia, desdén y fe; a lo que, por último, selló con una frase certera, expeditiva: escribo por debilidad.
Valéry desdeñaba lo fácil, lo consideraba indiferente e incluso enemigo. Cartesiano del siglo XX, dudó. Sometió todo a sucesivas tablarrasas. Se guiaba, como su otro yo intelectual, M. Teste, por el mal agudo de la precisión. Desde su renuncia, que algunos califican de provisional y otros, de definitiva, lo que en un principio era obras fue hasta el final ejercicios. Escéptico ante el espectáculo de un arte, una literatura concebidas como fin, vio en el arte, la literatura una suerte de carrera extraña donde es preciso ser uno mismo para los demás. Un sistema concebido para modificar por reacción el ser del autor, erigido, ahora habla Gide, con paciencia, desdén y fe; a lo que, por último, selló con una frase certera, expeditiva: escribo por debilidad.
